CASACUSIA
Back to blog

La historia auditiva de Lucas, parte 1: de "no escucho bien" a encontrar su solución

¿Por qué hablo como hablo? ¿Por qué tengo este implante y este audífono? ¿Cuándo perdí la audición? Son preguntas que a Lucas Adlerstein, fundador de Casacusia y conductor del podcast Sordo pero no mudo, le hacen todo el tiempo. En el episodio 39 decidió responderlas de una vez: se sentó solo frente al micrófono y reconstruyó su historia auditiva en orden cronológico, desde el primer "no escucho bien" hasta el implante de conducción ósea que hoy usa todos los días.

Esta es la primera parte de ese recorrido. Y arranca en 2014, cuando Lucas tenía 14 años.

"Che, no escucho bien": un año sin que le crean

Todo empezó en la época escolar, con una pérdida auditiva chiquita. Tan chiquita que Lucas se desenvolvía bien y nadie a su alrededor notaba nada raro.

"Le empecé a decir a mi familia: che, no escucho bien, no escucho bien. Y me decían que prestara atención, porque yo no tenía ningún problema, me desenvolvía bien."

Quizás le costaba escuchar en lugares ruidosos, o seguir a la maestra desde el fondo del aula. Pero nada dramático. Pasó cerca de un año así, insistiendo cada tanto, hasta que él mismo pidió lo que necesitaba: *"Che, me quiero hacer un estudio porque realmente escucho mal"*. El estudio confirmó lo que él venía sintiendo: había una pérdida auditiva.

Primero apareció un diagnóstico de otitis media —líquido en el oído medio—, con tratamiento y una recuperación importante de la audición. Pero tiempo después la audición volvió a bajar, y los nuevos estudios mostraron otra cosa: uno de los huesitos del oído medio, el estribo, tenía una fijación. Algo lo estaba agarrando y le impedía vibrar. Cuanto más crecía esa fijación, menos sonido pasaba. Y el problema estaba en los dos oídos, uno peor que el otro.

Dos cirugías y un resultado inesperado

La propuesta médica sonaba lógica: sacar el hueso donde crecía la fijación y reemplazarlo por una prótesis de titanio. Sin hueso, la fijación no podría seguir creciendo. Lucas se operó en marzo. Y la cirugía salió mal: le sacaron el hueso, pero la prótesis no se pudo colocar como estaba previsto. Escuchó bien unas dos semanas y después la audición volvió a caer.

En junio llegó la segunda cirugía, para revisar si la prótesis se había desenganchado. La encontraron suelta, la retiraron, y Lucas salió del quirófano habiendo perdido gran parte de la audición de ese oído.

Años después le dijeron algo todavía más difícil de digerir: el síndrome por el que lo habían operado, en realidad, no lo tenía. Quizás la cirugía nunca tuvo que haber ocurrido. Lucas elige no quedarse en la búsqueda de culpables, pero sí sacó una regla que aplica hasta hoy:

"Cada vez que tomo alguna decisión sobre mi audición, o una decisión médica, digo: tengo que ir a tres profesionales, tengo que hacerme los estudios en un lugar de confianza."

La moto que lo cambió todo

Lucas siguió su vida con un solo oído funcionando casi al 100%. Hasta que un día, yendo al club a jugar al básquet, estuvo a punto de cruzar la calle y escuchó una moto que venía a contramano. Miró hacia donde su oído le indicaba, no vio nada, y siguió caminando. La moto venía del otro lado. Frenó a centímetros.

"Salí de ahí diciendo: no quiero usar audífono, pero lo necesito. Ahí fue un tema de peligro, de que corría riesgo mi vida."

Ese susto fue el empujón que necesitaba. Cómo fue exactamente ese momento de decidirse a usar audífono lo cuenta Lucas en primera persona en su blog personal. Probó audífonos —en ese momento quería el más chiquito, el que menos se notara— y empezó a usarlo. Terminó la secundaria, se fue diez meses a trabajar de mozo al exterior, volvió, y arrancó la pandemia. En la virtualidad, paradójicamente, la hipoacusia casi desapareció: clases por computadora conectada a dos parlantes enormes del abuelo, volumen a gusto, familia que gritaba. Ningún problema para comunicarse.

El día que un audífono no alcanzó

Cuando la cuarentena empezó a abrirse, la realidad volvió con todo. En una juntada con amigos y gente nueva, Lucas escuchaba tan mal que no podía participar de las conversaciones. En un momento, un amigo le preguntó si quería que apagara el parlante.

"Y yo dije: ¿hay un parlante sonando? No me había enterado. Al otro día me levanté llorando. ¿Cómo puede ser? Tengo 19 años y un audífono no me alcanza para escuchar."

De esa angustia salió a buscar opciones. Hacía tiempo usaba auriculares de conducción ósea —que transmiten el sonido por vibración a través del hueso— y le funcionaban sorprendentemente bien. Buscando en internet descubrió que existían implantes con el mismo principio. Sacó turnos y fue a probar.

En la primera prueba le taparon el oído bueno y le leyeron 25 palabras: repitió cero. Después le colocaron el procesador del implante con una vincha:

"Empecé a repetir una palabra, dos, tres, cuatro... y a medida que iba repitiendo, iba llorando porque no podía creerlo. Terminé repitiendo 23 palabras bien de 25."

Probó tres implantes distintos, comparó el sonido de cada uno, escuchó a varios médicos —incluso probó un sistema de dos audífonos conectados por bluetooth que no le convenció, algo que él aclara que es muy personal— y eligió con información. Por qué se decidió justo por ese implante y no por otro —los comparó a fondo antes de operarse— lo explica él mismo en su blog personal. Tuvo la suerte, dice, de que su solución fuera un implante de conducción ósea, porque es de los pocos que se pueden probar antes de la cirugía. Se implantó, y le cambió completamente la vida.

Vivir, no sobrevivir

Hoy Lucas dejó la ingeniería y la programación para dedicarse de lleno a lo social: conectar personas con pérdida auditiva, acercar información, mostrar derechos y caminos posibles. Estuvo cinco o seis años enojado con la vida, y de ese enojo salió con una convicción que repite en encuentros, charlas y episodios:

"No es lo mismo vivir que sobrevivir. Si uno está viviendo mal, no está viviendo: está sobreviviendo."

Y con un dato que desarma la soledad: el 5% de la población mundial tiene pérdida auditiva. En Argentina, la estimación ronda las 2.500.000 personas. *"Y nosotros pensando que estamos solos. No tiene ningún sentido"*, cierra.

Uno podría ver al audífono y al implante como un problema. Lucas los ve como una solución: el problema prefiere dejarlo atrás.


Sordo pero no mudo · Episodio 39

Esta nota nace de una conversación real. Escuchala completa:

Mi historia auditiva — Parte 1 — Lucas Adlerstein

Ver el episodio completo
Tu ayuda importa

Ayudanos a seguir acercando información gratuita a más personas

Donar el valor de un café por mes puede cambiarle la vida a otra persona. Tu participación es indispensable para que sigamos sosteniendo esto.

Donar mensualmente

Comments

No comments on this post yet.

Comments will be enabled when this post is published on Instagram.

Get stories in your inbox

Updates, stories, and resources about hearing loss. No spam, only content worth reading.

La historia auditiva de Lucas, parte 1: de "no escucho bien" a encontrar su solución · Blog CASACUSIA · CASACUSIA