Sonriéndole a la vida con dos implantes cocleares: la historia de Martina
Martina Angiono Rey tiene 16 años, está en la secundaria y habla de la hipoacusia con una naturalidad que desarma. Nació sin escuchar, usa dos implantes cocleares desde el año y medio, y a los 15 dio una charla TEDx en el Movistar Arena hablando, justamente, del silencio. En el episodio 37 de Sordo pero no mudo, el podcast de Casacusia, se sentó con Lucas Adlerstein a compartir su historia: la de una adolescente que decidió ser la protagonista de su propia película.
Un diagnóstico que costó que le creyeran
A los papás de Martina les habían dicho que estaba todo bien. Pero su mamá sentía que algo no cerraba, aunque le decían que eran "las emociones del posparto". A los cuatro meses, la confirmación llegó de la forma menos pensada: una noche sonó la alarma de la casa, fortísima, literalmente al lado de la cuna. La mamá se despertó sobresaltada, entró al cuarto... y Martina seguía durmiendo como si nada.
Empezaron los estudios y el peregrinaje: cinco pediatras distintos les dijeron que estaban locos, que la nena escuchaba bárbaro, que se reía cuando le hablaban. Hasta que una pediatra les creyó. Después de un largo trayecto de estudios, llegó el diagnóstico: hipoacusia bilateral profunda.
Al año y medio la operaron y le colocaron los dos implantes cocleares al mismo tiempo. Veinte días después, se los encendieron. Al principio no hablaba y gritaba mucho, porque no sabía cómo hacerlo: era un mundo completamente nuevo. Hubo calibraciones constantes, rehabilitación hasta los cinco o seis años, y también anécdotas que hoy son leyenda familiar, como el día en que el perro de la casa masticó los procesadores y quedó con todos los cables colgando de la boca.
Vivir con implantes sin que sean el centro
Hoy Martina se saca los implantes solo para bañarse y para dormir. Y el resto del día, directamente se olvida de que los tiene.
"Vivo mi vida bastante normal, como alguien que no tuviese implantes. De hecho, ni mis amigas lo registran."
Ama la música —sobre todo en inglés— y la escucha con streaming directo del teléfono a los implantes, "como si tuviera un auricular puesto todo el tiempo". Fue a recitales multitudinarios y festivales, hace la tarea con música porque siente que se concentra mejor, y usa fundas acuáticas para meterse al mar o a la pileta.
Pasó por cinco procesadores a lo largo de su vida, y el salto que más la marcó fue dejar de tener un aparato sobre la oreja: al principio sentía que "no escuchaba bien" con el modelo nuevo, hasta que su mamá la sentó frente al espejo con un procesador de cada tipo y le mostró que la calibración era exactamente la misma. Era la cabeza, no el oído.
El humor como bandera
Si hay algo que define a Martina es que se ríe de su hipoacusia, y la usa a su favor. Cuando una compañera la estaba insultando en un cumpleaños de sexto grado, se sacó los implantes delante de todos y dejó de escucharla. Cuando un amigo le pide auriculares prestados, le ofrece los implantes. Y cuando duerme, duerme: se saca los dos procesadores y se va, como dice ella, "a otro mundo".
"Yo siempre digo que lo siento más como un superpoder. Usar implantes es como algo que yo tengo que el resto no tiene. Y no lo veo como algo malo, sino como algo bueno."
No siempre fue fácil sostener ese humor: en segundo año, un compañero se quejó ante la tutora del colegio porque Martina se presentaba como "sorda" y hacía chistes sobre su sordera. Durante un tiempo dejó de hacerlos. Después entendió que reírse de lo propio era su forma de aceptarlo, y volvió.
Esta nota nace de: Sonriéndole a la vida con 16 años y 2 implantes cocleares — Martina Angiono Rey
Criada como protagonista, no como víctima
Cuando Lucas le preguntó de dónde salía esa actitud, Martina no dudó: de su casa.
"Me criaron mucho así: en vez de hacerme ver siempre como una víctima de la hipoacusia, me hicieron ver como la protagonista de una película. Soy Martina, uso implantes, tengo un superpoder. Eso me ayudó a vivir la vida desde otro lugar."
Su mamá le mandó a diseñar vinchas con flores gigantes para que los procesadores no se le cayeran corriendo en el arenero, y de paso convirtió el implante en parte del outfit. Nunca le transmitieron miedo ni vergüenza: le enseñaron a mostrar, a explicar, a responder preguntas con orgullo. Y Martina asegura que nunca sufrió bullying: sus compañeros la trataron siempre como una más.
Una charla TEDx desde el silencio
A los 11 años, Martina vio por primera vez una charla TED en el colegio y ese mismo día se inscribió —sola— para TEDx Río de la Plata. Le dijeron que era menor, que esperara. No esperó tanto: pasó por charlas del club TED del colegio, por TED Labs, y en 2023, a los 15 años, la llamaron por videollamada para invitarla a hablar en TEDx Río de la Plata, en el Movistar Arena.
Su charla fue sobre el silencio: ese lugar al que ella viaja cada noche cuando se saca los implantes, y desde el que aprendió a valorar lo que casi no tuvo.
"Yo casi no puedo hablar; me habían mandado a lengua de señas. Poder estar hablando acá me hace valorar un montón las palabras. La gente habla mucho sin pensar, y yo le tomo mucha importancia a escuchar al otro y a valorar las palabras."
El mensaje de Martina
Para los chicos que se sacan los implantes por vergüenza, para las familias que recién arrancan, para cualquiera que esté entrando a este mundo, Martina tiene una invitación clara: no verlo como algo malo, sino como una capacidad más.
"Cuando te diagnostican es como que te quedás vacío y da miedo explorar este mundo. Pero una vez que estás adentro, ese mundo es increíble. Que nadie se lo pierda por miedo, por vergüenza o por lo que sea."
No vivir como personajes secundarios, sino como protagonistas. A los 16 años, Martina ya lo tiene clarísimo.
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Sonriéndole a la vida con 16 años y 2 implantes cocleares — Martina Angiono Rey
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