Mi hijo se saca los implantes por vergüenza: qué puede ayudar
"Mi hijo se saca los implantes en la escuela porque le da vergüenza." Lucas Adlerstein, conductor del podcast Sordo pero no mudo, cuenta que recibe este mensaje de madres y padres una y otra vez. Y en el episodio 37 tuvo la oportunidad de hacerle la pregunta directamente a alguien que podría haber pasado por ahí y eligió otro camino: Martina Angiono Rey, de 16 años, usuaria de dos implantes cocleares desde el año y medio, que hoy los muestra con orgullo.
La respuesta corta: la vergüenza de los chicos muchas veces se alimenta del miedo que les transmitimos los adultos. Y la mejor herramienta no es obligarlos a usar el dispositivo, sino cambiar el relato: de la víctima al protagonista.
Lo que Martina les diría a esos chicos
"Que no lo vean como algo malo, algo que dé vergüenza: que lo vean como un superpoder. Que tienen una capa y pueden volar. Tener esto es como: tengo implantes, soy un crack. Que no les dé vergüenza, porque es algo increíble."
Puede sonar ingenuo, pero detrás hay una idea potente: los chicos chiquitos tienen imaginación de sobra para resignificar el implante. Si el adulto lo presenta como una carga, será una carga. Si lo presenta como algo único —algo que el resto no tiene—, se convierte en identidad positiva.
Y Martina habla con datos de su propia vida: nunca sufrió bullying. Sus compañeros preguntaron con curiosidad, aprendieron, y después se olvidaron del tema. "Los nenes chiquitos van a preguntar '¿qué es eso que usás?', pero no creo que tengan la intención de decir 'ah, sos sordo'", dice.
El rol de la casa: víctima o protagonista
Cuando Lucas le preguntó de dónde venía su seguridad, Martina fue directa al punto:
"En casa me criaron así: en vez de hacerme ver siempre como una víctima de la hipoacusia, me hicieron ver como la protagonista de una película. Soy Martina, uso implantes, tengo un superpoder. Eso me ayudó a vivir la vida desde otro lugar."
En la charla, Lucas y Martina imaginaron el escenario opuesto: unos papás que le dijeran "no te ates el pelo, que se te van a ver los implantes", "que no te pregunten nada". Esa criatura, coincidieron, crecería con miedo. Porque el mensaje implícito sería: esto que tenés es algo para esconder.
Señales concretas de una crianza que empodera
De la historia de Martina se pueden rescatar gestos muy concretos:
- Hacer visible el dispositivo, no esconderlo. Su mamá mandó a diseñar vinchas con flores de colores para sostener el procesador: lo convirtió en parte del outfit, no en un secreto.
- Dejar que el chico explique. Desde chiquita, Martina mostraba sus implantes y contaba cómo funcionaban. Hoy da charlas sobre el tema.
- Habilitar las preguntas de los demás. "Que se interesen es lindo", dice. La curiosidad ajena no es una amenaza: es una oportunidad de conexión.
- Permitir el humor. Martina hace chistes con su sordera, presta sus "auriculares" sacándose los implantes, se ríe con sus amigas. El humor, coinciden ella y Lucas, ayuda a aceptar y digerir.
- No transmitir el propio miedo. Los cuidados existen (el agua, los golpes, la carga), pero se enseñan como hábitos prácticos, no como amenazas.
Esta nota nace de: Sonriéndole a la vida con 16 años y 2 implantes cocleares — Martina Angiono Rey
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Cuando la vergüenza ya está instalada
Si tu hijo ya se saca los implantes en la escuela, forzarlo no suele funcionar. Algunas puertas que abre esta historia:
1. Escuchar antes de corregir. ¿Qué le pasa exactamente? ¿Alguien le dijo algo? ¿Le molesta el sonido, el peso, la mirada ajena? No siempre es vergüenza: a veces hay incomodidad física o un tema de calibración.
2. Buscarle pares. Martina no conoce a nadie de su círculo que use implantes, y por eso valora tanto cruzarse con otros. Conocer a otros chicos y adolescentes implantados —en encuentros, comunidades, historias como la de este episodio— hace que el implante deje de ser "eso raro que solo tengo yo".
3. Mostrarle referentes. Adolescentes como Martina, que dio una charla TEDx a los 15 años, o adultos como Lucas, que hizo de su hipoacusia un podcast, le acercan al chico una versión futura de sí mismo de la que enorgullecerse.
4. Trabajar con la escuela. Que docentes y compañeros entiendan qué es el implante y cómo ayudar reduce las situaciones incómodas que alimentan la vergüenza.
La idea que resume todo
"No hay que hacer crecer a los chicos con miedo. Lo opuesto: transmitir que es algo único y diferente, y hacernos protagonistas de nuestra película. No vivir nuestras vidas como personajes secundarios, sino como protagonistas."
A los 16 años, Martina no solo usa sus implantes todo el día: los muestra, los explica y los celebra. Y su historia sugiere que ese camino no empieza en el chico. Empieza en casa.
- Escuchá el episodio completo: casacusia.org/podcast/37-sonriendole-a-la-vida-con-16-anos-y-2-implantes-cocleares-martina-angiono-rey
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Sonriéndole a la vida con 16 años y 2 implantes cocleares — Martina Angiono Rey
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