CASACUSIA
Back to blog

Aceptar la discapacidad: por qué pedimos perdón por no escuchar

"Perdón, no te escuché." Si tenés una pérdida auditiva, seguro dijiste esa frase cientos de veces. Un comentario en Instagram le hizo ruido a Lucas Adlerstein: ¿por qué pedimos perdón por no escuchar, como si tuviéramos que disculparnos por tener una pérdida auditiva?

Ese fue el disparador del episodio 32 de Sordo pero no mudo, con una invitada distinta a las habituales: Carmen Burone, terapeuta espiritual y, además, la terapeuta de Lucas. Carmen llegó al mundo de la discapacidad por su hija Alma, que tenía síndrome de Down, y desde ahí construyó una mirada que atraviesa todo el episodio: la discapacidad despierta.

"Como si tuviéramos que pedirle a alguien perdón por tener una pérdida auditiva. Y encima pedir perdón cada vez que no escuchamos algo. Cuando leí ese comentario dije: qué crueles somos con nosotros mismos."

Pedir perdón: ¿cordialidad o falta?

La primera distinción que hace Carmen es clave. Decir "perdón, ¿me repetís?" puede ser un gesto de amabilidad, como quien dice "perdón, ¿me das el asiento?". El problema no es la frase: es lo que pasa por dentro cuando la decimos.

Si la decís y seguís de largo, es cordialidad. Si la decís y por dentro te sentís en falta, sentís que estás "entorpeciendo la vida" del otro por pedirle que repita, ahí hay algo más profundo: algo de tu propia condición que todavía no terminaste de aceptar.

Carmen suma otra capa: muchas veces el otro no te escuchó ni te vio porque va a toda velocidad, metido en sus diálogos internos, corriendo atrás de sus urgencias. En sus palabras, "mirar es un nivel superficial; ver es ver el alma de las personas". Que el otro no frene no es personal, y no se trata de tu discapacidad.

Aceptación no es resignación

Uno de los momentos más potentes del episodio es cuando Lucas pregunta directamente qué es la aceptación. Carmen usa una imagen bien argentina: el truco.

"Nos encaprichamos con que queremos A y la vida nos entrega C. Y mi propuesta es: amá C, que es la que te tocó."

Te tocaron ciertas cartas. Podés pasarte la vida enojado porque querías otras, o podés frenar, mirarlas bien y descubrir que quizás tenés juego donde creías que no había nada. Eso es aceptar: no que te gusten las cartas, sino jugar con las que tenés.

Y acá aparece una distinción que muchas personas confunden:

  • Aceptación: es un clic, una actitud de vida. Un punto de partida desde donde se abre todo.
  • Resignación: es quedarse en el "¿por qué a mí?", en el lugar de víctima. Carmen la define como una "no aceptación pasiva".
"La aceptación es la sanación. La aceptación es un punto de partida; la resignación es un punto de llegada: no salís de ahí."

El enojo como señal

¿Cómo te das cuenta de que no estás aceptando? Carmen es concreta: por el enojo. El malhumor constante, estar reactivo, pelearse con todo, o incluso una tristeza que te deja "casi muerto en vida".

"Si algo me enoja, chequear por qué me enoja. Porque me está costando a mí mi propia discapacidad. Porque me está costando la batalla que tengo que dar todos los días."

Lucas lo conecta con su propia historia. El 17 de marzo de 2017, a un año de haber perdido la audición en una cirugía que salió mal, cruzó una calle sin mirar. Tenía 16 años. Su hermana lo frenó a tiempo. Ese período —dejar el básquet, no querer estar en la escuela, enojarse con todo— fue su "noche oscura". El clic llegó años después, con el implante: descubrir que había otra vida, y que vivir no es lo mismo que sobrevivir.

Atravesar el dolor

Nada de esto es un paso mágico. Parte de la aceptación, dice Carmen, es animarse a atravesar el dolor.

"El dolor no es para siempre. Una vez que lo atravesás, del otro lado hay sol."

Y el camino empieza por conocerse: uno no puede amar lo que no conoce. Mirar las cartas que te tocaron, entender tus talentos, entender qué tenés para dar. Recién desde ahí se puede aceptar de verdad.

Mostrar la discapacidad con dignidad

Lucas cuenta una escena que muchas personas con audífonos o implantes van a reconocer. Llegó tarde a una clase en la facultad y tenía que cruzar el aula entera, mostrando el implante a todos. El primer impulso fue pasar de costado, escondiéndolo. Y se frenó: "no puedo ser tan gil". Pasó mostrándolo, temblando, pero pasó.

Carmen le pone nombre a lo que genera ese gesto:

"Ustedes muchas veces no se dan cuenta: generan mucha admiración cuando llevan su discapacidad con dignidad."

Y remata con una idea que desarma: está todo dado vuelta. Que te dé vergüenza robar, sí. ¿Pero vergüenza un audífono, un implante? Es como un anteojo, como un aparato en los dientes. No hay error que esconder.

La aceptación es transversal

El cierre del episodio amplía el foco. La aceptación no es un tema exclusivo de la discapacidad: aceptar una enfermedad, un despido, una traición. Toda persona necesita aceptar su realidad como punto de partida para vivirla, no para quedarse girando en redondo.

Si estás en ese proceso —con tu propia pérdida auditiva o la de alguien que querés—, no tenés que atravesarlo en soledad. En Casacusia hay una comunidad entera que entiende de qué se trata.


Sordo pero no mudo · Episodio 32

Esta nota nace de una conversación real. Escuchala completa:

Pedir perdón por no escuchar — Carmen Burone

Ver el episodio completo
Tu ayuda importa

Ayudanos a seguir acercando información gratuita a más personas

Donar el valor de un café por mes puede cambiarle la vida a otra persona. Tu participación es indispensable para que sigamos sosteniendo esto.

Donar mensualmente

Comments

No comments on this post yet.

Comments will be enabled when this post is published on Instagram.

Get stories in your inbox

Updates, stories, and resources about hearing loss. No spam, only content worth reading.

Aceptar la discapacidad: por qué pedimos perdón por no escuchar · Blog CASACUSIA · CASACUSIA