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Cómo convivir con la misofonía: estrategias para el día a día

Si tenés misofonía, hay cosas concretas que podés hacer hoy para reducir el sufrimiento: bajar tu nivel general de estrés, aprender a detectar las señales tempranas de la reacción, respirar hondo, anclarte en otros sentidos, tomarte pausas breves antes de que la reacción escale y —muy importante— dejar de culparte después de cada episodio. Ninguna de estas estrategias reemplaza un tratamiento, pero hacen que la experiencia sea menos devastadora.

Eso explicó la psicóloga Celia Incio, especializada en misofonía, en el episodio 65 de Sordo pero no mudo. Acá te acercamos sus estrategias en detalle.

1. Bajá la activación general

La misofonía empeora cuando estás estresado, cansado o apurado. El sistema nervioso de una persona con misofonía ya está hiperactivado; si le sumás prisa y preocupación constante, la tolerancia baja y la reactividad sube.

Celia lo grafica así: es como ir con prisa todo el tiempo. Si vas apurado y se te cae algo, te da mucha más rabia que si estás tranquilo. Reducir esas "velocidades" del día a día —frenar, observar qué está pasando en tu cabeza, ubicar en el cuerpo dónde sentís la tensión— ayuda a que los episodios sean menos intensos.

2. Detectá el temblor antes de la lava

Una de las metáforas más claras del episodio:

"Identificar cuando la tierra empieza a temblar, no cuando ya sale la lava. Si identificás el temblor, probablemente puedas hacer algo para ponerte a salvo. Si ya percibís la lava afuera, el volcán ya erupcionó y no queda otra que aguantar."

Aprender a registrar las primeras señales —la tensión que empieza, el radar que se activa— te da margen para aplicar recursos antes de que la reacción se desborde. Celia habla de una escala de 0 a 10: la idea es actuar antes de llegar al 7.

3. Respirá hondo (sí, funciona, pero no es la panacea)

Muchas personas dicen "a mí respirar no me funciona". Celia lo matiza: respirar no trata la misofonía, pero ayuda. La respiración honda le transmite al cerebro, desde afuera, que está todo bien, aunque ya haya iniciado los protocolos de alarma. Te da más margen entre el temblor y la erupción.

4. Anclate en otros sentidos, sin intentar "no escuchar"

Mientras respirás, tocá un objeto (una lapicera, la mesa), mirá alrededor: amplificá el tacto y la vista. Lo que no funciona es intentar no escuchar el sonido:

"No te vas a quedar sordo selectivamente. No vas a poder decidir qué sonidos apagar. Luchar contra eso es una guerra perdida en la que vas a invertir recursos y probablemente acabes más cansado."

La clave es aceptar que el sonido está, saber que lo estás escuchando, y regular la reacción en lugar de pelear contra la percepción.

5. Tomate una pausa breve

Si estás en una reunión o una comida y sentís que la reacción sube, pedí permiso y salí un momento: "disculpen, voy al baño un segundo". Lavate las manos, respirá hondo y, cuando hayas bajado, volvé si podés. No es huir: es regularte para poder quedarte.

6. Soltá la culpa después del episodio

Este es el factor que sí podés eliminar ya. Después de un episodio, el discurso interno suele ser: "otra vez igual, qué me pasa, por un sonido no me puedo poner así". Esa culpa y ese juicio agravan el sufrimiento y dejan al cerebro más alerta para la próxima vez. Es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto peor la pasaste, más se sensibiliza el radar.

Eliminar la autocrítica no soluciona la misofonía, pero hace que cada experiencia sea menos dañina y corta parte del círculo.

¿Y los auriculares con cancelación de ruido?

Celia los compara con unas muletas después de una operación de rodilla: al principio te ayudan a no sufrir a cada paso, y está bien usarlos en momentos puntuales (una reunión de la que no podés salir, un viaje, dormir). Pero cuidado con el uso constante, "por si acaso": llevar protección 24/7 sensibiliza todavía más el cerebro, porque cuando te los sacás, el sistema de alerta registra que quedaste "desprotegido" y reacciona más fuerte.

Esto no reemplaza el tratamiento

Todas estas estrategias son, en palabras de Celia, como un analgésico para el dolor de cabeza: alivian, pero no resuelven la causa. La buena noticia es que la misofonía tiene tratamiento, y en la experiencia clínica de Celia la mayoría de las personas que lo completan dejan de estar condicionadas por los sonidos en su vida diaria. El primer paso es informarte y buscar un profesional con experiencia específica en misofonía.



*Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. Cada caso es único: hablá con tu otorrinolaringólogo/a de confianza para evaluar qué corresponde a tu situación.*

Sordo pero no mudo · Episodio 65

Esta nota nace de una conversación real. Escuchala completa:

Misofonía con la psicóloga Celia Incio: qué es y cómo vivir mejor

Ver el episodio completo
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