Ser médica con implante coclear: la historia de Juli
Julieta Cortesini Leavi tiene 31 años, es pampeana y vive en Buenos Aires. Es médica pediatra y neonatóloga, hoy dedicada también a la medicina estética. Y es usuaria de implante coclear bilateral. En el episodio 44 de Sordo pero no mudo, el podcast de Casacusia, se sentó con Lucas a compartir su historia: la de una nena que dejó de responder cuando su mamá le hablaba de espaldas, y la de una profesional que hizo guardias en terapia intensiva pediátrica en plena pandemia.
Un diagnóstico que tardó en llegar
Juli tiene hipoacusia desde los 5 o 6 años. Su mamá notó que no respondÃa cuando le hablaba de espaldas y empezó un recorrido por distintos especialistas hasta dar con el diagnóstico: hipoacusia mixta neurosensorial severa. Con audÃfonos, su infancia fue bastante tÃpica. Fue al colegio, y en la secundaria, cuando la materia Lengua se le complicaba, empezó a ir a contraturno a una escuela de sordos e hipoacúsicos donde la ayudaron con las tareas, se vinculó con personas sordas y aprendió algo de lengua de señas.
Después del colegio decidió estudiar medicina. Rindió el ingreso en Córdoba y entró. Pero en tercer año de la facultad sintió que su rendimiento auditivo ya no era el mismo: los debates, los ateneos, las clases donde alguien hablaba adelante o detrás de ella se volvieron cuesta arriba. Consultó con colegas pensando que era un tema de calibración del audÃfono. La respuesta fue otra: era candidata a implante coclear en ambos oÃdos.
"Fue un golpe bastante duro para mÃ, no me lo esperaba en absoluto. De hecho, hasta ese entonces, por la desinformación que tenÃa, pensé que era lo peor que me podÃa pasar en la vida. Hoy no lo pienso asÃ, pero fue como un baldazo de agua frÃa."
Lo que más abundaba en ese momento, cuenta, era el miedo: el miedo a no poder desenvolverse, a que la hipoacusia la limitara en lo social. Y también algo más silencioso, que muchos conocemos: esa tendencia a preferir hacer todo sola, a evitar los grupos de estudio, a armarse un escudo. "TenÃa una tendencia a comerme el libro", dice, "era como un escudo para mÃ, para decir: mirá, no es que no te escuché, estudié".
Dos implantes, dos experiencias
Juli decidió implantarse en dos tiempos: el oÃdo derecho en 2017, cuando terminaba la facultad, y el izquierdo en 2020, ya en la residencia. Las dos experiencias fueron muy distintas. Del primer encendido esperaba magia, y se encontró con angustia y desilusión. Tanto, que dejó de usar el implante durante un mes.
"Me acuerdo que un dÃa mi mamá me miró: Julieta, esto depende de vos, únicamente de vos. Y bueno, me lo puse y me llevó seis meses entender una palabra. Pero cuando uno empieza a entender una palabra después entiende otra, otra y otra, y es como que las ruedas giran más fácil."
Con el segundo implante, en cambio, todo fue mucho más rápido: al mes y medio del encendido ya andaba bien. Se operó en Buenos Aires, pidió licencia en el hospital y se fue una temporada a La Pampa para hacer el posoperatorio cerca de su familia. La rehabilitación la hizo a distancia, por videollamada, y funcionó mejor de lo que esperaba.
Hoy, con los procesadores actualizados y la conectividad Bluetooth, Juli descubrió cosas que para otros son cotidianas: escuchar audios de WhatsApp al instante en vez de acumularlos para escucharlos en casa, y su primera experiencia con "auriculares" a los 31 años. "Ahora soy una persona totalmente conectada con la realidad", dice entre risas.
Esta nota nace de: Médica sorda con implante coclear — Juli Cortesini Leavi
La residencia: teléfonos, barbijos y un equipo que escuchó
Si la facultad era estudiar, la residencia de pediatrÃa y neonatologÃa fue pura práctica: el paciente, el teléfono que suena, las historias clÃnicas con apellidos y domicilios difÃciles de captar. Y Juli llegó a la residencia justo cuando estaba aprendiendo a escuchar con su primer implante. Su decisión fue hablar claro con su equipo: contarles cuál era su situación y de qué manera podÃan acompañarla, como que otra persona atendiera el teléfono cuando ella no llegaba a comprender del otro lado.
En plena pandemia trabajó en terapia intensiva pediátrica, con doble barbijo y aislamiento estricto. Un dÃa llegó al pase de sala —la instancia donde un equipo le presenta al otro los pacientes de la guardia— y encontró a todos sus colegas sin barbijo. Se los habÃan sacado para que ella pudiera leerles los labios, sin que lo pidiera.
"Me sentà muy acompañada, muy contenida. Me re emocioné, no podÃa parar de llorar. Para mà fue un gesto re lindo, porque entre médicos no hay mucha empatÃa: 'Mirá, no escucho, repetime'... no sucede."
El estetoscopio, ese obstáculo concreto
Durante años, Juli se adaptó con un estetoscopio electrónico que amplificaba el sonido y le funcionaba con el audÃfono. Pero cuando se implantó el segundo oÃdo, esa solución dejó de servirle: hoy no existe en Argentina un estetoscopio que se adapte a su situación, y conseguir uno implicarÃa viajar a Estados Unidos, probarlo, arriesgarse. Fue una de las razones por las que se volcó a la medicina estética, aunque su sueño de hacer consultorio de neurodesarrollo y seguimiento de recién nacidos prematuros sigue ahÃ, en pausa. Un recordatorio de que a veces los obstáculos no están en la persona sino en las herramientas que todavÃa faltan.
Preguntar sin culpa
Si hay algo que Juli aprendió en este recorrido, es a soltar la exigencia de estar siempre alerta, siempre "enchufada", y a naturalizar el pedir que le repitan.
"Ahora cuando pregunto, lo pregunto desde mÃ, no agarrándome de lo que tengo o de lo que me pasa. Pregunto: no escuché, fin. Discriminar eso y separarlo, para mÃ, es un montón."
Su mensaje, el que quiso venir a dejar al podcast, es directo: desmitificar la idea de que las circunstancias definen lo que uno puede ser. Con vocación, claridad para pedir lo que se necesita —sentarse adelante, pedirle al profesor que hable de frente— y conociendo los propios tiempos, la facultad se puede. La medicina se puede. Y hasta un rodete de guardia con el implante a la vista se convierte en una semilla para que otros reflexionen.
La hipoacusia, dice Juli, la marcó: le dejó inseguridades, sÃ, pero también la hizo responsable, detallista, disciplinada. Y le enseñó una postura ante la vida: afrontar los problemas, correrse de la victimización y hacerse cargo de la propia historia.
¿Te resonó la historia de Juli? Escuchá el episodio completo de Sordo pero no mudo en casacusia.org/podcast. Y si querés compartir tu propia experiencia o conocer a otras personas que transitan la hipoacusia, sumate a nuestros encuentros: encontrá las próximas fechas en casacusia.org/calendario.
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Médica sorda con implante coclear — Juli Cortesini Leavi
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