Misofonía: qué es y cómo vivir mejor, con la psicóloga Celia Incio
¿Te imaginás que el sonido de alguien masticando te genere enojo, ansiedad o hasta ganas de escapar? ¿O no poder disfrutar una comida con amigos porque el ruido del cubierto te taladra la cabeza? Eso es la misofonía. No es una exageración ni una manía: es una reacción real e intensa a sonidos cotidianos que para otras personas pasan desapercibidos.
En el episodio 65 de Sordo pero no mudo, Lucas Adlerstein conversó con Celia Incio, psicóloga española especializada en misofonía. En este artículo te acercamos lo esencial de esa charla: qué es la misofonía, qué sonidos la disparan, cómo impacta en la vida diaria y qué se puede hacer para vivir mejor con ella.
¿Qué es la misofonía?
Celia lo aclara desde el principio: hoy la misofonía no está catalogada como enfermedad ni como trastorno. No aparece en los manuales diagnósticos médicos ni psiquiátricos, porque la comunidad científica todavía está definiendo los criterios. Por eso se habla de una condición.
Pero que no tenga etiqueta oficial no la hace menos real. Los estudios la describen como una condición neurofisiológica: la persona tiene una reacción emocional desproporcionada, automática y percibida como incontrolable ante sonidos comunes. Aparece irritación extrema que puede llegar a la ira, ansiedad elevada y una reacción física de tensión, calor, aceleración del corazón y de la respiración. El cerebro responde como si estuviera ante una amenaza enorme.
"Tienes unas características por las cuales ciertos sonidos, prácticamente imperceptibles para la mayoría, te generan una reacción que tu cerebro percibe como si te estuviesen agrediendo, y que te limita en tu vida cotidiana, en tus relaciones, en tu entorno laboral, en tu bienestar psicológico. Eso es lo que importa."
Qué sonidos disparan la misofonía
Los disparadores más habituales son los sonidos hechos con el cuerpo: masticar, tragar, respirar, sorber, toser, incluso la forma de pronunciar ciertas letras. Pero no son los únicos. También aparecen con frecuencia:
- El teclado de la computadora o el clic de las lapiceras.
- Los sonidos de los vecinos: pasos, murmullo de voces, muebles que se arrastran.
- Ladridos de perros cercanos al domicilio.
- Zumbidos eléctricos: el aire acondicionado, el lavarropas.
Un dato clave: la reacción no depende del volumen. Son sonidos que objetivamente no hacen daño, pero que activan todo el sistema de alarma. Y muchas veces depende de quién lo emite: puede molestarte cómo mastica tu pareja y no la persona de al lado. De hecho, el entorno más cercano suele ser el que más dispara la reacción.
El impacto emocional: culpa, aislamiento y lucha interna
La persona con misofonía siente el sonido como una agresión directa. Y después del episodio suele venir la culpa: "¿qué me pasa?", "por un sonido no me puedo poner así". Celia explica que esa autocrítica agrava todo: al sufrimiento del episodio se le suma el juicio posterior, y el cerebro queda todavía más alerta para la próxima vez.
El impacto puede ser enorme. Niños que crecen sintiendo que algo malo les pasa, adultos que dejan trabajos, parejas que comen en turnos separados o duermen en habitaciones distintas, personas que se mudaron decenas de veces huyendo de los sonidos.
"Me han llegado a decir: prefiero quedarme sordo, te lo prometo, preferiría estar sorda completamente, que seguir viviendo con misofonía. Creo que esto nos da una idea de la magnitud del impacto emocional que tiene."
¿La misofonía se cura?
Depende de cómo entendamos "cura". La misofonía no es una enfermedad y no "desaparece" en ese sentido, pero sí hay tratamiento y, según la experiencia clínica de Celia, la mayoría de las personas que lo completan dejan de tener la sintomatología en su vida diaria. Pueden escuchar el sonido que antes las detonaba sin que les genere reacción. Si en algún momento de mucho estrés vuelve a aparecer, ya cuentan con herramientas para manejarlo.
El primer paso, dice Celia, es la aceptación: dejar de luchar contra lo que te pasa para poder acercarte a ello con curiosidad y empezar a trabajarlo.
"Para mí no es la solución, pero es el primer paso. Porque sin esa aceptación voy a estar constantemente luchando contra eso que me pasa. Y desde una lucha no puedo acercarme a ello con curiosidad, no puedo plantearme el manejarlo."
Esta nota nace de: Misofonía con la psicóloga Celia Incio: qué es y cómo vivir mejor
¿A qué profesional consultar?
Como la misofonía no figura en los manuales, muchos profesionales de la salud nunca oyeron hablar de ella. Celia invita a buscar profesionales con trayectoria específica en misofonía. El camino que propone: primero descartar causas médicas con un neurólogo u otorrino (incluso una audiometría para descartar hiperacusia), y después trabajar con un psicólogo que pueda corroborar que los síntomas coinciden con los criterios propuestos hasta ahora.
Estrategias para el día a día
Mientras se desarrollan recursos más profundos en terapia, hay cosas que ayudan a reducir el sufrimiento:
- Bajar la activación general: el estrés, el cansancio y la prisa agravan la misofonía, porque el sistema nervioso ya está hiperactivado.
- Identificar las señales tempranas: Celia usa la metáfora del volcán. Si detectás cuando la tierra empieza a temblar, podés hacer algo; si esperás a que salga la lava, ya no.
- Respirar hondo y anclarte en otros sentidos: tocar un objeto, mirar alrededor. No es la solución, pero le transmite al cerebro que está todo bien.
- No intentar "no escuchar" el sonido: es una guerra perdida que solo suma cansancio.
- Tomarte una pausa breve antes de que la reacción escale: salir un momento al baño, respirar y volver.
- Soltar la culpa y el juicio después de cada episodio: es el factor que sí podemos eliminar ya.
Sobre los auriculares con cancelación de ruido, Celia los compara con unas muletas: sirven de apoyo en momentos puntuales, pero usarlos todo el día sensibiliza todavía más el cerebro.
Informarse: el primer paso accesible para todos
Si te reconociste en estos síntomas, el consejo de Celia es claro: informate e invitá a tu entorno a informarse. Ponerle nombre a lo que te pasa te permite relacionarte con la condición desde otro lugar, sin tanta presión ni juicio. Y aunque haya personas que sigan pensando que es una manía, la primera fuente de validación tenés que ser vos.
"No están solos ni vendidos ante sufrir y punto, y resignarse a esta condena, como muchas personas que acuden a consulta con más de cincuenta o sesenta años viviendo con esta condición han hecho."
En Casacusia creemos en eso: transformar cómo nos relacionamos con lo que nos pasa, acompañados por otras personas que entienden.
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*Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta médica. Cada caso es único: hablá con tu otorrinolaringólogo/a de confianza para evaluar qué corresponde a tu situación.*
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Misofonía con la psicóloga Celia Incio: qué es y cómo vivir mejor
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