¿La lengua de señas es un idioma? Sí, y cambia en cada país (y en cada provincia)
Hay una confusión muy extendida: creer que la lengua de señas es una sola en todo el mundo, o que es una especie de mímica que "traduce" el español con las manos. En el episodio 64 de Sordo pero no mudo, el intérprete Pablo Baldrich desarma esos mitos uno por uno.
Lengua, no lenguaje
La Lengua de Señas Argentina (LSA) es una lengua completa: tiene gramática propia, distinta a la del español, y una cultura asociada. No es español señado ni un código inventado por oyentes. Usa las manos, pero también la cara y el cuerpo: los rasgos no manuales permiten agregar información a una misma seña.
"Esto es una semana, pero digo dos semanas, tres semanas. Te meto el número tres con la seña de semana y ya está."
Y como toda lengua, sirve para todo: se puede filosofar, hacer chistes, discutir política. Pablo lo resume con una frase que se lleva el episodio:
"Con la lengua de señas decís todo lo que quieras decir, pero solamente lo que quieras decir."
Si una comunidad nunca necesitó hablar de mitocondrias o del debe y el haber contable, esas señas no existían: se crearon cuando los estudiantes sordos llegaron a la secundaria y las necesitaron. Exactamente igual que el español no tenía "googlear" antes de internet.
Esta nota nace de: Ser intérprete de lengua de señas — Pablo Baldrich
Cada país tiene la suya
La lengua de señas no es universal. Argentina, Uruguay y Colombia tienen lenguas de señas distintas, así como el español y el portugués son idiomas distintos. Y dentro de Argentina hay variedades regionales, igual que en el español hablado.
"Hay señas que en Jujuy una seña quiere decir una cosa y en Río Negro otra. La misma seña, como la misma palabra."
Pablo lo compara con el español del interior: en Córdoba a un tostado le dicen "Carlitos", y en muchas provincias la tortita negra es una "cara sucia". En Mendoza, donde la vendimia depende del clima, hay señas distintas para lluvia, granizo, aguanieve y chubasco, porque la comunidad las necesita.
Las metáforas no viajan literales
Un ejemplo brillante del episodio: Pablo interpretaba en el Congreso cuando una diputada dijo que "no es solamente tener la vaca atada". Él interpretó el sentido —tenerlo asegurado—, pero la diputada siguió desarrollando la metáfora: con qué ataron la vaca, dónde, si la estaca era firme. Tuvo que volver atrás y traer la vaca literal.
"En la lengua de señas no existe tener la vaca atada. Si yo digo la vaca está atada, el Sordo mira y ve una vaca atada."
Lo mismo pasa entre cualquier par de lenguas: las metáforas, el humor y la poesía se interpretan por el sentido, no palabra por palabra. Entender esto es entender que la lengua de señas es, ni más ni menos, una lengua.
Esta nota nace de una conversación real. Escuchala completa:
Ser intérprete de lengua de señas — Pablo Baldrich
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